lunes, 17 de agosto de 2015

La Paloma


He viajado al pasado sin pensarlo. Salgo a la calle y mientras las nubes amenazan con un ataque incontrolado recorro una historia que no existe. Gente vestida clásicamente, una procesión a la que sólo le falta el palio. La tradición y la modernidad pelean, mientras un obispo con sotana sonríe a sus feligreses pensando en la sobrina que lo espera en casa, la cena caliente, el sexo virginal…o eso cree. Una imagen religiosa recorre bendiciendo calles llenas de homosexuales que lloran a su paso, rogándole no morir apaleados en el callejón en que se refugiarán para un sexo fugan e insatisfactorio. Un hombre travestido de chulapa, pañuelo blanco y falda negra se arrodilla en una esquina al paso de la imagen, oculto de la muchedumbre, realiza la primera felación de aquella tarde. El olor a entresijos y galiinejas se confunde con el incienso y la gente comulga con morcilla y chorizo, consagra la sangría o el tinto de verano y entran en un éxtasis destructivo, ajeno a toda devoción religiosa. Al fondo la congregación desaparece y vuelve el silencio. Sacudo el ensueño y descubro que no he viajado al pasado, sólo ha sido el cruce de dos planos, el real y el pasado, donde se mezclan la tradición y el presente, donde no sé si soy yo o un ser reencarnado.