miércoles, 14 de octubre de 2015

Veroño


El calor desmiente al otoño. El sol, todavía demasiado cálido, se trasluce en las hojas muertas que, ajenas a la temperatura, cumplen su ciclo. Cada tarde el cielo arde como si fuera agosto y la ropa, sacada ya del olvido, sobra y se refugia esperando su momento. Odio este verano prolongado, me gusta sentir el frío de la muerte del año y no alargar el primor perezoso de la canícula. Algunos animales se afanan en procurarse comida para el, calendariamente hablando, no tan lejano invierno. Parece que sólo los humanos seamos conscientes de la longitud del calor resistiéndonos a vestir de oscuro y largo, prefiriendo los alegres colores de manga corta. Es otoño, el almanaque no engaña, tampoco lo hace el tamiz de la luz que cambia mientras el sol muere. Pero parece que a pesar de estar seguro de su muerte, este año el Astro quiere morir matando, se niega a perder su fuerza y al estertor del cambio de estación. Es otoño, ojalá lo fuera de verdad, con las mañanas frescas y las noches heladoras, con todo muerto y la piscina olvidada y ya no ansiada. De momento es sólo un escenario, todo dice una mentira mientras los rayos del sol nos invitan a no creerla. Es…veroño.

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