domingo, 8 de noviembre de 2015

Qué culpa tengo yo de que entre nosotros
Se interponga el pasado y la muerte traicionera.
Cómo luchar contra el dolor que crece, amurallado,
En tus sentidos.
Cómo derrotar al ejército de tus miedos
Si sólo puedo darte mi sonrisa
Que sé que desbanca por un rato,
Te debilita un segundo,
Pero insuficiente ariete,
Vuelve el pavor a la caída.
Quiero derrotarte y asesinar
El dolor que se clava en lo profundo
De tu ejército y que hagamos un acuerdo,
Pero debes dejarme que venza un segundo
Sin olvidar quién eres.
No espero que niegues aquello que
Te ha construido, quiero sólo
Que lo dejes a un lado un momento
Y que entre yo a reconstruirte dejando intactos tus sentidos,
Derrotados en el dolor de una vida injusta.
Quiero que mi sonrisa amanezca más que un minuto
Y que el sol derrita tus hielos, un momento.
Que me dejes hacerte mío, un segundo
Que recuperes la esperanza,
Que el pasado sólo sea el abono del futuro.
Pero la muerte traicionera y el dolor ingobernable
Tienen las armas levantadas contra mí
Y yo sólo tengo pocas provisones, insuficientes
Ante el inmenso daño que has sufrido.
Si bajas tus defensas prometo no dolerte,
Prometo repararte entre mis brazos,
Y calentar el frío eterno del dolor que te apaga.
Cuando decidas hacerlo, espero ser aún
Quien te asedie para conquistarte.


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