domingo, 12 de agosto de 2018

Imperofobia

Hace algo más de un año, compartí con mi padre (+) el título de un libro muy atractivo "Imperofobia y leyenda negra" de Elvira Roca Barea, publicado, con enorme éxito, por Roca Editorial. Por su nombre, parecía que iba a revisar el concepto de leyenda negra al que los españoles nos hemos visto abocados durante siglos. Por cuestiones que no vienen al caso, mientras mi padre sí leyó el libro y me lo recomendó, yo no tuve oportunidad de hacerlo. La última vez que vi a mi padre, yacía en una cama hospitalaria esperando su último momento, por lo que yo, que vi el libro en su mesa, no tenía ganas de lecturas profundas.

Este hizo que mientras yo esperaba volver a España a recuperar el libro y meterle mano, Migúel Martínez, Universidad de Chicago, escribió un excelente artículo con una profusa crítica al libro. Las pocas páginas que yo había podido leer, sonaban raras. Lo terminó de confirmar el texto de Martínez cuya dirección es: http://ctxt.es/es/20171220/Politica/16846/imperio-colonialismo-roca-barea-imperiofobia-c%27s.htm revisa muy bien muchos puntos polémicos, por no decir erróneos del libro de Roca Barea. Y detecta cómo muchos de los datos aportados, que sesgan la realidad de la que habla, coinciden clamorosamente con postulados de la derecha más revisionista en España. El artículo es de 2017 y para mí será un referente a la hora de hablar del libro de Barea que, no obstante, leeré cuando tenga oportunidad, más por aquello del placer lector, que por creerme lo que dice. 

Lo que termina de demostrar los postulados de Martínez aparece en una entrevista a Elvira Roca, publicada hace no muchos días aquí: https://www.elespanol.com/cultura/libros/20180806/elvira-roca-republicanos-no-vencidos-guerra-civil/327967515_0.html

Leerlo da mucha grima a cualquiera con un poco de pensamiento crítico. En primer lugar, se deja llevar por la generalizada opinión sobre la "dictadura feminista" como una moda pasajera.  Lo mismo opina del heteropatriarcado. Poco antes afirma que las leyes son iguales para todo. Hasta ese momento la autora ha dicho todo esto sin despeinarse un ápice. Lo que llama "hojarasca momentánea" es una lucha de décadas ya en la que la mujer ha tenido que levantarse contra las imposiciones más duras hechas por parte del hombre. Pero bueno, hojarasca será según ella. NO voy a entrar a discutir más, porque me está saliendo sarpullido.


Hay otras perlas tan jugosas como la anterior. Mi preferida es la referida a los afrancesados."Los españoles afrancesados estaban de acuerdo con el invasor y después del conflicto se reintegraron al territorio nacional, recuperaron sus puestos de trabajo y sus vidas. No les pasó absolutamente nada".  Cómo se puede afirmar esto sin sonrojarse. Muchos afrancesados no pudieron volver a sus puestos. Los miembros de las Cortes de Cádiz, fueron perseguidos. cuando Fernando VII implantó una monarquía absolutista. Los años del Trienio Liberal acabaron con una sangría en la que muchos, que no se exiliaron, acabaron fusilados. Que en España, por ejemplo, el movimiento romántico se implantara con unas décadas de diferencia respecto a Europa, se suele achacar al aplastamiento de los ideales románticos por parte, precisamente, de una monarquía absolutista, que trató de eliminar cualquier rasgo de afrancesamiento. Jovellanos prácticamente murió prisionero. Goya lo hizo en el exilio en Burdeos. No soy un experto, probablemente me puedan contradecir fácilmente, pero lo que recuerdo de la posguerra de la Independencia es esto. Un aplastamiento de todo aquello que oliera a francés.

Todo esto lo dice para afirmar que en España no existe una tradición cainita, que somos un país de reconciliación. En este argumento incluye la posguerra Civil. Afirma, sin tapujos, que los Republicanos no fueron vencidos. Quizás leer "Las bicicletas son para el verano" de Fernando Fernán Gómez, aunque sólo fuera la frase final, le vendría bien. Allí, Don Luis, quien va a ser depurado (al menos), dice "No ha llegado la paz, ha llegado la victoria" (cito de memoria, puede no ser preciso). Esa frase resume perfectamente lo que sucedió en los años 40 en una España arruinada. El estado de guerra no fue levantado hasta finales de la década. Con la excusa de vivir en guerra se aniquiló al enemigo que se quedó en la España de Franco. Fusilamientos sumarios, retirada de puestos de trabajo, depuraciones injustas. Otro ejemplo sería leer los testimonios de Javier Marías en muchas de sus novelas, sobre el proceso al que fue sometido su padre por una denuncia falsa. En España, al contrario de lo que afirma Roca Barea, se fusiló mucho. Se mandó al ostracismo, más. En fin, un poco de lectura crítica desmontaría los planteamientos de esta señora que apestan a revisionismo del peor tipo.


Hay otras lindezas que por espacio no voy a comentar. Pero ciertamente, el día que leí la entrevista me sangraron los ojos al ver afirmar sin pudor tantas cosas que han sido demostradas desde el punto contrario largamente. El problema es que las afirmaciones de Roca Barea, en muchos aspectos, son refrendadas sin un grano de sal por un alto número de personas, incluido Josep Borrell, ministro de Exteriores del actual gobierno español quien recomendó el libro sin despeinarse. 








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